Nuestro primer 8000

17/11/2017 | Sara

Hace ya unas semanas que llegamos a casa, después de casi seis meses de viaje en bicicleta por el norte de Europa.

Llegada a cabo norte

Han sido muchas experiencias y mucho aprendizaje en todo este tiempo. Poco queda ya de los dos jóvenes de ciudad que salieron en las bicis para descubrir los países de alrededor del mar Báltico y su cultura. Poco a poco hemos ido adquiriendo conocimientos y habilidades que nos han acercado cada vez más  a la naturaleza y nos ha hecho un poco más salvajes, si cabe.

Desde luego que es una experiencia difícil de narrar y que pocos podrán entender si no han tenido alguna parecida, pero lo cierto es que un viaje de estas características te cambia por completo: tu manera de ser, de actuar, de ver las cosas, de enfrenarte al mundo.

Como decía, salimos como dos jóvenes de ciudad a los que les gusta la naturaleza, pero que muchos de nuestros conocimientos no los habíamos puesto en práctica. Aún recuerdo el primer día que hicimos acampada libre: nos costó un buen rato decidir el lugar donde poner nuestra tienda, aún lentos para montarla. Y cuando todo parecía listo resultó que una botella, que habíamos metido dentro por si nos entraba sed, se derramó y acabamos durmiendo en medio de una laguna… También recuerdo las primeras veces que hicimos fuego, ¡cuántos intentos para lograrlo! Pero cada día era una nueva aventura, un nuevo reto, algo por aprender, tantas cosas por descubrir.

Al final, poco a poco el viaje se ha ido desarrollando como si todo estuviese escrito, nunca mejor dicho, ha ido rodado. Hemos conocido gente estupenda, que nos han mostrado su cultura, nos han enseñado infinidad de cosas nuevas. Hay tanta gente que también ha hecho viajes en bicicleta, más cortos, más lagos, más lejos, más cerca. Familias con bebés, familias con niños más mayores, parejas, solitarios aventurados…  Ha sido muy grato y enriquecedor cambiar y compartir experiencias con todos ellos. Nos han mostrado que nada es imposible y hemos aprendido que todo se puede.

Nos hemos llenado las manos de libertad, nos ha acariciado nuestras caras el aire fresco, nos han visitado miles de pequeñas criaturas. Y claro que no todo siempre es perfecto o como esperabas o como quisieras. También ha habido momentos de debilidad, de añoranza, de tristeza, de desesperación.

Cuando llegamos al norte de la Laponia finesa, Miguel pinchó su rueda intentando llegar a un poblado Sami, cuando ya no quedaban ciudades ni pueblos con tiendas de bicis y menos con reparación. El problema no fue el pinchazo, sino que se rompió la cubierta. Bueno, pues nos tocó reparar la bici con lo que llevábamos, a veces, tres veces en un mismo día. Y resultó que nos hicimos expertos en repararlas. De todo se aprende. Al final, hay que intentar mirar todo desde la parte positiva: “no hay bien que por mal no venga”. Y conseguimos llegar a Cabo Norte, y fue mágico.

Y descubres que la gente es igual en todas partes, y se te caen mitos que los medios nos crean. Ves que hay gente buena y mala en todas partes, más simpáticos y menos, pero que al final todos buscamos lo mismo: la felicidad. Que cada uno la busca donde cree que está. Y ves que al final de todo, se cuecen habas por todas partes, que tu país no es el mejor ni el peor y que el resto igual: cada uno tiene sus cosas buenas y malas, la perfección no existe. Pero la gente y su cultura, esos son los que hacen el país. Hay paisajes increíbles, ciudades más bonitas y más feas, pero hemos descubierto que sin sus gentes no son nada.

Y hemos vivido algo increíble: el verano polar, las 24 horas luz. Ha sido una experiencia única. La verdad es que no es imaginable si no lo vives. Es una sensación como no hay otra igual: perder el reloj solar y atender a tu reloj interior. Se nos ha hecho realidad ese dicho de “ojalá los días fueran más largos”. Al perder el sentido del tiempo por la luz, tu cuerpo tiende a alargar los horarios. Y aun así no somos capaces de imaginarnos el invierno, todo lo contrario, la oscuridad absoluta. Pero eso nos hará volver algún día.

Y ahora, ¿qué? Pues como bien he dicho en el título este es el primer 8000, ¡pero no he dicho que vaya a ser el último! El resto del mundo nos sigue esperando para descubrir muchas más cosas y seguir conociendo a gente maravillosa…

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